¿Equilibrio o Radicalidad?

Las indicaciones eran que los postulantes debíamos acompañar a uno de los novicios para el apostolado en una colonia marginal que visitaban los fines de semana. Así que el sábado me tocó acompañar al primer novicio; nos pusimos de acuerdo, me dijo que me apurara y notaba algo de ansiedad en él. Así que salimos después de comer y era difícil seguirle el paso, pues caminaba a toda velocidad. Esa tarde recuerdo que el apostolado consistió en visitar a un montonal de personas; el novicio trataba uno o más asuntos urgentes con cada una. Recuerdo que regresé cansado y comencé a pensar que ser religioso parecía ser sinónimo de intentar abarcar lo más que se pueda en la misión y hacer el máximo esfuerzo por rendir, ser eficaz y tratar el mayor número de asuntos en la mayor velocidad posible; en pocas palabras pensaba que eso significaba ser alguien “radical”. Llegó el día domingo y me tocó acompañar a otro novicio; éste era muy diferente: pacífico, “equilibrado”, tranquilo y paciente. Caminamos al apostolado a un paso más lento, visitamos dos o tres familias solamente, abarcamos pocos asuntos, pero me di cuenta que el diálogo con cada persona fue mucho más profundo y cada encuentro con una mayor calidad. El novicio parecía ser menos eficaz que el anterior, pero reflejaba más interés por las personas con las que se encontraba. ¿Equilibrio o radicalidad?

¿Equilibrio o Radicalidad?

Hno. Gustavo Llaguno Velasco, msps

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