La fraternidad, fuente de encanto en la Vida Religiosa

En el primer Congreso Mundial de la Vida Consagrada, celebrado en Roma en el 2004 se congregaron 757 Superiores y Superioras Mayores, más de 40 teólogos y un grupo de jóvenes invitados. Uno de ellos habló a la Asamblea diciéndonos:“Queremos decirles con sencillez y sinceridad que hambreamos comunidades que sean como esos espacios verdes en las ciudades donde se respira aire de Dios, de Humanidad, lugares de encuentro y de amistad, de apoyo, de serenidad de perdón y de fiesta. En un mundo desgarrado por las rivalidades y violencia de todo tipo, las comunidades religiosas creemos que deberían ser una potente interpelación a la FRATERNIDAD DE
TODOS. A nuestra sociedad le falta ´alma´ es decir, un clima ecológico donde se oxigene el corazón porque se viven relaciones cálidas, abiertas, maduras, llenas de comprensión, de tolerancia amorosa, de respeto y valoración del otro, del distinto y diferente, de lealtad, de transparencia, de valoración del otro, del diferente”.
Enseguida tomó la palabra una joven y nos dijo: “Los jóvenes de hoy estamos convencidos que nuestras fraternidades deberían convertirse en un POTENTE MANANTIAL DE VIDA que empape nuestra tierra, a veces, reseca e infecunda por la falta de afecto, de cariño, de solidaridad, de ternura y misericordia”.
A lo largo de esta reflexión, me propongo discernir, con la ayuda del Espíritu, cuándo una comunidad se va haciendo manantial de vida para nosotros y para los demás, un manantial de agua cristalina que corre y recorre la vida de tantos hermanos y hermanas, sembrando frescura evangélica, gozo y entusiasmo por doquier. Intento reflexionar para mostrar cómo conseguir que ese manantial del “encanto” de la vida religiosa siga corriendo y dando agua limpia y cristalina. La palabra “encanto” se refiere a todo aquello que produce alegría contagiosa, fuerte atractivo, suave frescor y estimulante optimismo. Despierta simpatía, imaginación y fantasía. Y por su naturaleza hace brotar fuerza, entusiasmo e ilusión.

La fraternidad, fuente de encanto en la Vida Religiosa

JOSÉ Mª. GUERRERO, S.J.

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