Los pobres reencantan a la Vida Religiosa

Si miramos la historia de la Iglesia latinoamericana podremos constatar un dato innegable: los pobres, la opción por los pobres ha sido un manantial de vida nueva, una experiencia que ha acercado la vida religiosa al Evangelio. Ya desde los años preconciliares y, con más fuerza, en el postconcilio, el movimiento hacia los pobres, hacia los márgenes ha sido un dinamismo revitalizador. El correlato de este movimiento ha sido una vida religiosa que ha querido tomar distancia de los lugares sociales de privilegio, dejar las grandes obras para hacerse “ligera de equipaje”, más semejante al propio Jesucristo.

La Conferencia de Aparecida ha reforzado este lugar privilegiado de los pobres en la Iglesia. Así lo expresó el Papa Benedicto XVI en el discurso inaugural: “La fe nos libera del aislamiento del yo, porque nos lleva a la comunión:el encuentro con Dios es, en sí mismo y como tal, encuentro con los hermanos, un acto de convocación, de unificación, de responsabilidad hacia el otro y hacia los demás. En este sentido, la opción preferencial por los pobres está implícita en la fe cristológica en aquel Dios que se ha hecho pobre por nosotros, para enriquecernos con su pobreza (cf. 2 Co 8, 9)”.

Los pobres reencantan a la Vida Religiosa

ALEX VIGUERAS, SS.CC.

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