ReliPress | RELIGIOUS LIFE PRESS
Giugno 2013

“Es equivocado buscar vocaciones solo para cuidar ancianas”

Entrevista con Maria Thérèse Diene, Presidenta de la Confederación de Religiosos Africanos

Maria Thérèse Diene, religiosa senegalesa de las Hijas del Sagrado Corazón, es la presidenta de la Confederación de Conferencias de Superiores Mayores de África y de Madagascar (CCSMAM), la organización que representa a la Vida Religiosa (VR) masculina y femenina del continente africano.

¿Cuál es la aportación de la VR para propiciar la reconciliación en países donde se han sufrido conflictos armados?

Para nosotros, los religiosos africanos, la reconciliación es una parte muy importante de nuestro trabajo porque vivimos en un continente que está deseoso de ella por multitud de motivos, como guerras fratricidas entre distintas etnias o entre religiones. En la CCSMAM estamos trabajando en este trienio en el tema de la reconciliación, concretamente en la misión de los consagrados en este campo. Hemos dicho que la reconciliación debe comenzar desde nosotros mismos. Estamos reflexionando en un primer nivel con un cuestionario elaborado específicamente para este tema. Hemos recogido todas las ideas que se han propuesto en un documento y lo hemos enviado a cada región para que se pueda preparar el año que viene un minicongreso sobre la reconciliación. Hay que ver la situación de cada región, los avances y los obstáculos, así como las propuestas concretas para lograr que la reconciliación sea efectiva. En 2015 celebraremos un congreso panafricano para recoger todo lo que se ha hecho en las diferentes regiones y conocer las aportaciones que ha ofrecido la VR.

¿Cómo es posible, según usted, lograr la reconciliación?

Lo primero es conocerse a uno mismo, sus puntos fuertes y débiles. Hay que saber igualmente que la reconciliación está basada en el perdón y en la propia aceptación. No es nada fácil. Hay una fase preliminar donde cada uno se debe perdonar y reconciliar consigo mismo para poder aceptar el perdón y la reconciliación, así como aceptar lo que ha sucedido para poder seguir adelante. La reconciliación nos exige el respeto al prójimo, los ritmos y tiempos de los otros. En todos los sitios se pueden encontrar heridas. Esto no quiere decir que sea un proceso estático; debe ser dinámico, a través de pequeños gestos de atención para permitir que el tiempo haga su efecto y que la palabra perdón vaya entrando para lograr la reconciliación.

Se dice siempre que África es el continente de la esperanza. ¿Significa algo para usted este eslogan?

Aunque haya guerras y tensiones, sigo viendo a África como el continente de la esperanza, porque los africanos, pese a los dolores que afrontan en sus vidas, tienen todos los días la alegría en sus corazones. Esta alegría viene del hecho de que, para el africano, el universo no ha sido creado por el hombre. Hay alguien más, está Dios. Sea la situación que sea en la que se encuentra el africano, siempre piensa que el Señor tiene la última palabra. Y esa última palabra no es nunca la tristeza; es siempre la alegría. La alegría de la vida en los africanos es algo muy profundo. El segundo aspecto que me hace ver a África como el pueblo de la esperanza viene de la juventud africana, que tiene un futuro por delante. Pese a todos los problemas de la vida diaria, la fe en Dios que tienen nuestros jóvenes les brinda una certidumbre en el futuro.

En algunos países, como Nigeria, los cristianos sufren persecución y atentados por parte de islamistas radicales. ¿Cómo se puede lograr la paz? ¿Cómo contribuye la VR a construir una cultura de paz?

Lo primero que hay que hacer es desterrar el odio del corazón. El mal no se vence nunca con el mal, sino con el bien. Un atacante no va a construir la paz. Tomo el ejemplo concreto de Nigeria o de Tanzania, pero también de mi país, Senegal, donde parece que todo está bien entre los cristianos y los musulmanes. Pero allí encontramos igualmente a fanáticos que quieren la destrucción de lugares de culto, acabar con la virginidad, que tanto estimamos nosotros, o profanar las tumbas de cristianos en los cementerios. Admiro mucho la reacción de nuestros pastores, quienes mesuran sus palabras para intentar resolver los problemas. El Gobierno debe investigar, pues no sirve solo a una etnia o a una religión, sino a todos. Hemos invitado al Gobierno a que esté muy atento a este problema. Hay que evitar que se caiga en la venganza para tomar, en cambio, un camino que conduzca al diálogo y a la comprensión. Hay que propiciar gestos que permitan la reflexión de los jóvenes y que tengan otras actitudes distintas a las que tienen hoy en muchas ocasiones. Le cuento un ejemplo banal, que sucedió durante un viaje desde mi país a Roma en el que coincidí con un musulmán que pertenece a un grupo radical. Cuando le vi en el aeropuerto, le invité a que desayunásemos juntos. No es que tuviera mucho dinero, pero le dije que tomara lo que quisiera. Cuando terminamos, me pidió mi número de teléfono comentándome que había quedado profundamente tocado por mi gesto. Quería que mantuviésemos el contacto. Estoy segura de que si este hombre se encuentra en una situación en la que se va a cometer una masacre, no será el primero en tirar una piedra. Por medio de la educación, del mutuo conocimiento y de gestos pequeños como este, que propician la confianza, podemos ir caminando hacia la reconciliación y hacia una humanidad que tenga claro que en el prójimo encuentra a un hermano.

¿Cree que algunas congregaciones religiosas acuden a África con el objetivo principal de lograr vocaciones para poder sobrevivir?

Un carisma debe vivir si está suscitado por el Señor. La Palabra de Dios que se revela en este carisma debe también ir más allá del lugar donde la congregación nació. No somos religiosos para un solo país, sino para la Iglesia. En el inicio, la congregación puede quedarse en un sitio si no tiene muchos miembros, pero poco a poco está llamada a salir de su país para dar ese carisma a otras personas. Si hay religiosas jóvenes que vienen a Europa de otros países y en su congregación hay ancianas, también es una misión ayudarlas y acompañarlas en el final de su vida. Se puede aprender mucho de estas ancianas sobre la congregación. El carisma se puede vivir en todos los lados: en la cocina, visitando a los pobres, cuidando de los ancianos… El carisma no viene antes de la obra que estoy haciendo, se vive en el corazón y se encarna con las obras. Si tengo que cocinar para mis hermanas, lo hago contenta, con el espíritu de mi congregación. Eso sí, si se buscan solo vocaciones para cuidar a las ancianas, es un espíritu equivocado. Pero si uno se extiende porque quiere compartir su carisma con otras personas, no es algo equivocado. Todo depende del espíritu.

¿Cómo ha sido acogido el nuevo Papa por los consagrados africanos?

Hemos acogido a Francisco con mucha alegría. El cónclave ha sido visto, al menos en mi país, como un momento de gran comunión entre toda la Iglesia universal. Partiendo de esa realidad, hemos tomado la llegada del papa Francisco como un regalo de Dios. Lo hemos acogido con mucha alegría. Es nuestro Papa. Es el Papa de la Iglesia universal. Ha sido interesante y significativo ver que no han sido tan solo los cristianos los que han vivido con alegría el cónclave y la elección de Jorge Mario Bergoglio. Muchos musulmanes nos han acompañado en nuestras oraciones. En aquellos días encontrabas a numerosos musulmanes que te decían que rezaban por la elección del próximo papa. Además, el nuncio de Senegal también es argentino y le queremos mucho.

 

En el nº 2.852 de Vida Nueva

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