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Octubre 2013

BETANIA, CASA DE ENCUENTRO

Editorial de la Revista CLAR
No 3 / Julio - Septiembre 2013

Hna. Mercedes Leticia Casas Sánchez, F.Sp.S. - Presidenta de la CLAR

El número anterior de nuestra revista fue dedicado a la Nueva Evangelización y la Fe. Desde ahora nos centraremos en el icono de Betania; esta vez como Casa de Encuentro. Encontraremos, primero, una relación implícita entre este tema y el anterior: la Vida Consagrada en el Sínodo sobre la Nueva Evangelización y, poco a poco, nos adentraremos en esta Casa de Encuentro y en su significado bíblico, teológico, experiencial… hasta entrar en ella con una propuesta de retiro espiritual: ¡buen recorrido!

La fe lleva al encuentro, y el encuentro lleva a la fe. Cuando pienso en la palabra “encuentro” recuerdo siempre esta frase que me ha enseñado mucho en la vida: “Somos lo que somos por los encuentros que hemos tenido…” Y la memoria afectiva y espiritual empieza a ubicar y agradecer tantos encuentros que son fuente de mucha vida. Ciertamente hay de encuentros a encuentros. Los hay profundos, fecundos, vinculantes; y otros, tal vez, menos intensos pero que de alguna manera nos configuran. Desde luego que también vivimos la experiencia del des-encuentro, que de igual manera nos modela el corazón.

Como Vida Religiosa estamos llamadas y llamados a ser mujeres y hombres del encuentro, a “ser encuentro”. El acontecimiento de “Aparecida” nos invita constantemente a vivir desde, en y para el encuentro con Cristo y con los hermanos. Es una invitación muy del Espíritu, porque estamos hechos para la comunión, para la alteridad, para trascendernos, para encontrarnos. La misma soledad es una realidad personal, terrible y hermosa al mismo tiempo, pero que en la medida en que la acogemos como algo ineludible en nuestras vidas, aprendemos a vivirla como capacidad de encuentro, como apertura al otro y como soledad  habitada por el infinitamente Otro, “que es más íntimo a mí que yo mismo” (San Agustín).

Releyendo y orando el hermoso texto de Jn 12,1-11, me parece encontrar en él las características de una verdadera casa de encuentro, de esos que perduran, que dejan huella, que marcan vida.

Nuestras comunidades están llamadas a ser, desde el Icono de Betania, una verdadera “casa”, espacio que acoge, que contiene, que establece límites y al mismo tiempo mantiene abierta la puerta de la libertad y de par en par las ventanas por donde entra y sale el aliento creador del Espíritu. Por eso, como “casa de encuentro”, es también:

Casa de Identidades, porque en la medida en que nos encontramos como hermanas y hermanos en un mismo seguimiento de Cristo, vamos siendo nosotros, se va consolidando nuestra identidad en medio de la diversidad. Aquel imperativo categórico: “¡Sé lo que eres!” nos recuerda que somos mujeres y hombres llamados a vivir el discipulado, a escuchar la Palabra y a construir el Reino. En la cercanía con el otro, el yo se redescubre.

Casa de Comunión, porque somos mujeres y hombres capaces de relacionarnos, de acompañarnos, de acogernos y de contenernos. Estamos hechos para la comunión, para generar encuentros más allá de la simpatía o antipatía, encuentros en los que el “Espíritu” es el “en” que nos vincula, y nos familiariza, haciendo que se establezcan entre nosotros lazos más fuertes que los de la carne y la sangre.

Casa de Reciprocidad, porque ahí aprendemos a corresponder amorosamente al amor gratuito de quienes comparten con nosotros la fe y la vida; porque en el seno de una comunidad así la amistad no escasea, ni su aporte de calidez, alegría, fiesta y consuelo; porque en una comunidad así se da el mutuo reconocimiento y nos comunicamos desde un “adentro”.

Casa de Compasión, porque nos encontramos también más allá de la reciprocidad y la amistad, y el amor trasciende a nosotros mismos y a nuestra casa, hasta ponerse en la situación de quien sufre, de quien con su sola presencia reclama la mía, cercana, comprensiva, solidaria, llena de ternura: que goza con quienes gozan y sufre con quienes sufren.

Casa de Diálogo, pues “desde un diálogo existimos”, nos miramos a los ojos, donde acogemos en silencio la palabra de quien me habla, donde le pongo palabras a lo que llevo en el corazón para construir la hermandad, donde los gestos expresan la apertura y disponibilidad para buscar juntas y juntos el querer de Dios.

Casa de acogida, donde nos sentamos a la mesa con Jesús, como lo hizo Lázaro, y centramos en Él nuestra vida; donde “la referencia constante y profunda hacia Jesús” nos devuelve al manantial de nuestro yo más profundo, nos revela nuestra identidad de hijas e hijos, de hermanas y hermanos. Casa de acogida a Jesús que nos visita continuamente en nuestros hermanos que tocan a nuestras puertas; acogida que se hace camino de encuentro, para ir a sentarnos con Jesús a “los márgenes existenciales del corazón humano”.

Casa de la unción, en la que se concentra el aroma del perfume derramado a los pies del Esposo Amado, como lo hizo María, y donde nos hacemos esclavos por amor a los hermanos.

Casa del servicio amoroso, como el de Marta, en donde nos vamos descentrando y vivimos para darnos y hacer algo por los demás; donde practicamos la hospitalidad y cocinamos la dulzura y el buen humor.

Betania es encuentro que ensancha la casa, pero que, al mismo tiempo, hace casa de todo encuentro…

Betania es casa-tienda de campaña, que se levanta cada vez que se da el encuentro, y se enrolla para continuar caminando hacia el encuentro…

Betania es casa de amistad, “donde tenemos pan para nuestra hambre, agua para nuestra sed”, abrazo, presencia, confianza, en una palabra, humanidad…

Si está Jesús en Betania, entonces los laicos y las nuevas generaciones encontrarán en ella, una hermosa manera de creer, de servir y de vivir.

Invirtamos en construir, cada día, comunidades religiosas que sean casas y talleres donde nos formemos para la cultura del encuentro. Acojamos como Vida Religiosa la invitación que recientemente hizo nuestro querido Papa Francisco a los jóvenes en Brasil: “Vayan más allá de las fronteras de lo humanamente posible, y creen un mundo de hermanas y hermanos”.

Y como dice la canción, “será mucho mejor buscar un nuevo sol contigo”, juntos, desde el encuentro, como en la Casa de Betania.

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Revista CLAR

Revista de actualización, reflexión y formación teológica, dirigida especialmente a las/os religiosas/os del Continente Latinoamericano y Caribeño.

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