ReliPress | RELIGIOUS LIFE PRESS
Agosto 2014

¿Vida religiosa una propuesta actual para jóvenes de hoy?

Querría poder afi rmar de entrada que la vida religiosa es “la” propuesta actual para el joven inquieto, apasionado y muy creyente de nuestros días. Pero sé que algunos jóvenes que se están acercando a la vida religiosa me dirían que se lo demuestre. Sé también que algunos religiosos me cuestionarían mi afi rmación; no están convencidos que sean muchos los que estén a punto de dar este paso y de que lleguen en las mejores condiciones para darlo. Unos y otros me exigirían un poco de claridad y precisión en la respuesta a esta doble pregunta: ¿Cuál es la vida consagrada que el joven hoy busca? ¿Cuáles y cómo son los jóvenes que la vida consagrada del siglo XXI necesita?

Para responder a estas preguntas se ha escrito este número de TESTIMONIO. Por eso en él se habla del contexto sociocultural del que vienen los jóvenes que se acercan a la vida religiosa y de su perfi l; de la vida religiosa que acoge a estos jóvenes; del proyecto de vida consagrada que ellos buscan y que a veces no encuentran porque no existe. El contenido de este número intenta hacer un buen nexo entre ambas realidades para que se pueda vivir un adecuado proceso vocacional.

La pastoral vocacional es un ejercicio de marketing en el que la vida consagrada trata de decir que ella tiene lo que los jóvenes buscan, que responde a sus necesidades humanas y religiosas más profundas. A su vez, les dice a los jóvenes que es la mejor propuesta con la que se van a encontrar en su caminar por la vida en este siglo y, por tanto, que se hagan religiosos. Con todo, estas grandes afi rmaciones nos piden ciertas precisiones.

Algunas tienen que ver con los jóvenes. Hay quienes hablan del desapego juvenil. En muchas casas religiosas, y sobre todo en las de formación, e incluso a veces apoyados en expertos, se afi rma que los jóvenes son cada vez más complejos, más herméticos, que muestran un evidente desapego social e incluso político y una signifi cativa apatía a todo lo que no sea su propio mundo. Aunque llamados a ser protagonistas del futuro, viven un creciente alejamiento de la realidad social. Estos mismos jóvenes, en el aspecto religioso, son débiles en la vivencia de su fe. La cultura juvenil es icónica, dinámica y lúdica. Los jóvenes se comunican de manera interactiva, dialógica, participativa; su lenguaje es predominantemente audiovisual y golpea, de forma consciente o inconsciente, los sentidos, la sensibilidad, las emociones y sentimientos. Los encuentros y fi estas de los jóvenes, su dominio de internet y de los chats, todo el complejo mundo de la comunicación juvenil, pone de manifi esto que la actual socialización religiosa de la juventud y la misma presentación de la vida religiosa está anclada en unos parámetros poco operativos y en algunos casos petrifi cados en formas ya superadas. Desde esta plataforma no es fácil entrar en sintonía con la vida consagrada, y los hay que concluyen que no hay “sujeto” para la vida consagrada.

Otras tienen que ver con los religiosos. Junto al distante pensar de los religiosos vemos que es distante también el de los jóvenes. Ellos nos hablan de una propuesta de vida consagrada que tampoco da la talla. No está humanizada ni es humanizadora, exige demasiadas renuncias y pocas entregas generosas; no es contemplativa y no llega a la experiencia mística, a la pasión por Cristo y por la humanidad; no acepta hacer “lío” ni el compromiso, no se la ve feliz y para nada fecunda, no es signifi cativa y propositiva.

Pedirles a los jóvenes que llegan a la vida religiosa que revitalicen la vida consagrada y la hagan atractiva a los demás jóvenes que permanecen fuera o que nunca han entrado, es demasiado y con frecuencia no saben cómo lograrlo. Pedirles a los religiosos que transformen el mundo juvenil no es tampoco fácil. De hecho, la distancia entre religiosos y jóvenes es considerable. Un gran desafío en nuestros días es conseguir que la tierra en la que se planta la semilla de la vocación religiosa sea buena y que la planta que intentamos arraigar sea de mucha calidad.

Sin embargo, soy de los que creo que este desafío se puede superar. El encuentro jóvenes-vida religiosa se puede dar y de hecho se da; por eso siguen habiendo vocaciones religiosas y respuesta a esas vocaciones. Esto es muy exigente ya que lo menos que pide de ambas partes es autenticidad, credibilidad, confi anza, cariño y propuesta y, por supuesto, fe viva. El vínculo puede darse. Y eso ocurre cuando los jóvenes llegan a la vida religiosa y se encuentran con realidades desafi antes que les entusiasman; la vida religiosa puede llegar a ser una auténtica “fortaleza” en la que jóvenes inquietos, sanos, pueden “refugiarse”, fortifi carse y prepararse para hacer de su vida un mosaico de servicio, fraternidad, entrega generosa, alegría, pasión por Cristo y por el Reino. Tenemos que conseguir que cuando los jóvenes piensen en justicia, en ternura, en amor, en evangelio, en integridad, en vida sencilla, piensen en la vida religiosa; hay que conseguir hacer de ella el sueño de los que están despiertos.

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Testimonio

Revista bimestral publicada por la Conferencia de Religiosos y Religiosas de Chile (CONFERRE).

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