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Mayo 2016

MENSAJE FINAL LV ASAMBLEA GENERAL ELECTIVA DE SUPERIORES MAYORES RELIGIOSOS DE COLOMBIA

Queridos hermanos y hermanas:

Con nuestro cordial saludo queremos manifestarles que los días 29-30 de abril y 1 de mayo, nos hemos reunido en Bogotá, en el auditorio de la Universidad Santo Tomás para celebrar la LV Asamblea General Electiva de Superiores Mayores de Colombia, bajo el lema: «Testigos de la misericordia: salir para acoger y cuidar la vida».

Allí constatamos que en el origen de la vocación de cada uno de nosotros hay una experiencia personal de misericordia que nos cambió el rumbo. Y en ella un imperativo que nos lanza a situarnos ante la realidad con mirada lúcida y comprometida. Se trata de contemplar la vida en su complejidad y en su plenitud, para reconocer en toda expresión humana su fragilidad y su belleza.

Ser testigos de la misericordia, haberla experimentado a nivel personal, nos lanza indiscutiblemente por los senderos de  la misericordia y nos exige trabajar  en lo cotidiano por la justicia y la paz.

El momento que vive el país, ha suscitado todo tipo de polarizaciones y en algunos sectores de nuestra sociedad se respira escepticismo y desesperanza. En esta coyuntura se nos apremia a situarnos desde lo más auténtico de nuestra vocación de creyentes y consagrados.  Se nos interpela a vivir en coherencia con los valores del evangelio, se nos exige fidelidad a las causas de Jesús: El Reino, los pobres, la justicia, el amor, paz…

Desde nuestra identidad de vida consagrada colombiana, hacemos un acto de fe en la posibilidad de encontrarnos y dialogar. Creemos que ninguna bandera, ningún slogan, ninguna diferencia ni política, ni ideológica es suficientemente válida como para restarnos la posibilidad de vivir en nuestra dignidad de seres humanos, de Hijos de Dios.  Creemos que el diálogo transparente, respetuoso, bien intencionado, lúcido y autocrítico, nos conducirá a construir entre todos un horizonte que muy seguramente, con la sumatoria de fuerzas y posiciones nos conducirá  a la paz.

Reconocemos que en Colombia, nos ha faltado osadía para  enfrentar los grandes problemas estructurales del país: corrupción, pobreza, desigualdad, inequidad, violencia, narcotráfico, destrucción del medio ambiente…  Valoramos la palabra sencilla y profética que se pronuncia en las orillas de la historia y de la geografía de nuestro país y que se fortalece para enfrentar la minería ilegal, la inequidad, el atropello a toda forma de vida…

Denunciamos la guerra que, durante décadas, ha desangrado nuestro país y que reveló que nuestro mayor conflicto, es que nos hemos destruido como seres humanos: 1.987 masacres, 27.000 secuestros y más de  6.000.000 de víctimas.

Queremos que el territorio colombiano se bañe únicamente por la lluvia que hace más aptos los campos para la cosecha y por el sudor que atestigua la capacidad de los seres humanos para dar la vida por la causa que aman. No queremos más sangre empapando nuestra tierra. No justificamos la guerra ni el uso de las armas, creemos en la ley del amor y en la pedagogía del acompañamiento. Nos disponemos a desvivirnos en el cuidado de toda expresión de vida.

Nos decidimos a erradicar de nuestro léxico la teoría de la “guerra justa” y optamos sencilla y cotidianamente por construir la paz justa, la que tiene como base la justicia y el perdón. Unidos a los laicos, a otras personas e Instituciones, trabajaremos para que en Colombia haya cambios estructurales.

Optamos por la utopía de la fraternidad y creemos que, en la diversidad, es posible la convivencia, la comunión.  Vivir es convivir y convivir es el arte de enfrentar el conflicto, de ser con los demás, de  vivir en compañía. Sabemos que todo ejercicio de sana convivencia requiere de consciencia y de  memoria.

La consciencia como la posibilidad de contemplar los datos y los hechos de la historia con realismo, sin negaciones ni escapismos. Sintiéndonos protagonistas y no meros espectadores pasivos.

La consciencia que trasciende el hecho de vivir bien informados; porque en una sociedad como la nuestra la información pulula, pero el conocimiento, ese que es fruto de desentrañar la verdad y contextualizarla, escasea.

La consciencia  nos hace aptos para la compasión, capaces de sentir con y de vivir para.  La consciencia  nos da entrañas de misericordia y nos lanza a la solidaridad.

La verdad, la reparación, la reconciliación, exigen memoria.  La memoria, como el recurso que nos mantiene en estado de alerta y hace posible conservar el vínculo con el origen, con el ancestro, con el amor primero, con la verdad primigenia y, por qué no, con el dolor imborrable, con la escena que marcó la existencia y cambió la ruta.

Es imposible vivir sin raíces, sin esa ancla a tierra, que nos devuelve al origen y nos permite recuperar la dignidad, recordar para qué estamos hechos y empeñarnos entonces, en la mesa común, en el territorio sin fronteras y en, como lo dice el Evangelio, la vida abundante y para todos (Cf. Jn 10, 10).

Creemos que la consciencia es indispensable para la compasión y la memoria, requisito para el perdón y la reparación.

Por eso nos comprometemos a educar para la paz.  Deseamos hacer de nuestras plataformas educativas, espacios en los que se consolide el post acuerdo.  Formar desde y para la pedagogía del encuentro y la reconciliación.

Queremos poner nuestra mirada y nuestro corazón del lado de las víctimas, caminar con ellas, junto a ellas y a su dolor.  En su compañía esperamos construir el nuevo rostro de un país en paz, en el que se privilegian los derechos y la dignidad humana…

Pedimos a Dios la gracia de tener la osadía necesaria para hacer de cada una de nuestras comunidades, areópagos de la convivencia y del perdón, en los que sea posible el diálogo, la comunión en la diferencia, en la interculturalidad. Aspiramos a expresar con nuestro estilo de vida, que la misericordia es posible y por eso nos ejercitaremos cotidianamente en comunicar el mensaje de Jesús, en vivir desde la ternura y la bondad.

Nos unimos también solidaria y fraternalmente al pueblo hermano de Ecuador, le ofrecemos nuestra oración y buscaremos canales concretos de compromiso solidario con las víctimas de esta tragedia.

Creemos en que Otro mundo, otras estructuras y otra forma de mirar la vida y la persona, son posibles y hacia allá estamos dispuestos a enfilar nuestras energías, a la manera de Jesús.

Agradecemos a Dios la entrega generosa y fecunda del hermano Leonardo Enrique Tejeiro, de la hermana Marta Escobar y de cada uno de los miembros de la Junta Directiva, durante el período 2013-2016. En ellos hemos podido reconocer el rostro de Señor, su entrega ha sido testimonio de radicalidad evangélica.

Ponemos en manos de María, Nuestra Señora de la Paz, la andadura de la nueva Junta Directiva.

Y experimentamos en el hoy de nuestra historia la llamada a salir para acoger y cuidar la vida, la invitación a ser en todo tiempo: TESTIGOS DE LA MISERICORDIA.

Unidos en la oración y la entrega cotidiana,

Participantes de la LV Asamblea General Electiva de Superiores Mayores Religiosos de Colombia.

Bogotá, D.C., 01 de mayo de 2016

 

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