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Junio 2017

El acompañamiento espiritual en la historia

En el siglo XVI, con la espiritualidad ignaciana y carmelitana, tiene lugar una institucionalización moderna de la dirección espiritual. lo largo de la historia se han dado varias imágenes del acompañante espiritual: el maestro, el padre, la comunidad, el confesor, el amigo.

Pascual Cebollada Silvestre, sj

Leyendo acerca del acompañamiento o la dirección espiritual, a veces he pensado que en casi todos los sitios que se consultaban se decía prácticamente lo mismo, si es que sus autores entendían de la materia. Solamente pequeñas diferencias de matiz distinguían a unos de otros, pero sus coincidencias eran muy grandes. Esto puede ser en parte cierto, pero también una equivocación, fruto de la ingenuidad. De hecho, en la historia ha habido —y continúa habiendo— concepciones distintas acerca de este tema que hoy nos ocupa2 . Por eso, de su semejanza y de su diversidad vamos a tratar a continuación.

Estamos en el siglo XXI. En nuestro recorrido iremos hasta muy atrás, tomando las aguas de muy arriba. Desde ahí llegaremos aproximadamente hasta el siglo XVIII. Algunos autores posteriores nos acercarán a nuestro tiempo contemporáneo, pero básicamente dialogaremos con personas y escuelas que se encuentran antes y después del siglo XVI. La razón es que es entonces cuando se da una dirección espiritual sistematizada, institucionalizada, muy semejante a como la practicamos ahora. Por eso hay un “antes” y un “después” de la época de Trento y de las corrientes espirituales del siglo XVI. Así, si hablamos de una historia de la dirección espiritual, ha de ser distinguiendo bien entre estos dos amplios bloques en el tiempo.
Antes de continuar, una aclaración. ¿Qué expresión empleamos? ¿Cómo nombramos lo que tenemos entre manos? “Dirección espiritual” es el nombre clásico desde sus orígenes. Pero, desde los años 1970, en algunos países de lengua latina (como el francés, español, portugués3 …) y en alemán, el término preferido pasa a ser “acompañamiento”. Es una reacción frente a una concepción y práctica demasiado directiva llevada a cabo principalmente por el “padre” o el “maestro”, estableciendo una distancia grande con respecto al “hijo” o al “discípulo”. En cambio, “acompañamiento” sugiere una relación más fraterna, donde quien ayuda esun “hermano/a mayor” de la persona acompañada, reduciéndose también la intensidad de la directividad. En inglés, existiendo ambos términos, se acusa menos este cambio, seguramente porque en la palabra direction se contempla también el aspecto de indicación de un camino, de una senda, independientemente de la fuerza directiva que se imponga en esa indicación. Los italianos también se han sentido más có- modos conservando direzione.

Es verdad que hay otros posibles nombres: guía, relación de ayuda, diálogo de ayuda espiritual, consulta, orientación, consejo, amistad espiritual… Pero los dos que más nos interesan son los anteriores. Por otra parte, con frecuencia ahora se usan indistintamente, y si su contenido se acerca más a una “dirección” o a un “acompañamiento”, esto se comprueba en el modo de acompañar, esto es, en cómo el acompañante plantea esta relación y la lleva a cabo. Aquí, el índice de una mayor o menor directividad, que puede medirse perfectamente, es el que indica exactamente cómo se ejerce este ministerio eclesial. Esto es lo que dirá si la relación se parece más a una dirección o a un acompañamiento.

Finalmente, antes de continuar, es preciso decir qué entendemos por esta práctica. Sencillamente, la ayuda que una persona presta a otra para crecer en su vida cristiana. Esta es la definición que nos guiará de ahora en adelante.

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