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Septiembre 2017

De “padre Jorge” a Papa Francisco

El P. Orlando Escobar realiza una reflexión de la vida del papa Francisco y del acontecimiento histórico que nuestro país está a punto de vivir: “El Papa, como sucesor de Pedro, “es el principio y fundamento perpetuo y visible de unidad, tanto de los obispos como de la muchedumbre de fieles” (Conc. Vat. II, Lumen Gentium, No 23)

P. Orlando Escobar, CM

El Papa, como sucesor de Pedro, “es el principio y fundamento perpetuo y visible de unidad, tanto de los obispos como de la muchedumbre de fieles” (Conc. Vat. II, Lumen Gentium, No 23). El País está a punto de vivir un acontecimiento histórico con la visita de Francisco, y para ciudades como Villavicencio será en mi opinión el acontecimiento más importante desde su fundación en 1840.

Y, aunque el Romano Pontífice es el primero de los Apóstoles, “Cabeza del Colegio de los Obispos, Vicario de Cristo y Pastor de la Iglesia universal en la tierra” (Cód. de Der. Can. No 331), es un ser humano, tal como puede verse en la película argentina “Francisco: El padre Jorge” (2015), escrita por el guionista Beda Docampo Feijóo, en la que el actor Darío Grandinetti encarna al “padre Jorge”, como gustaba a Francisco ser llamado, aun siendo el Arzobispo Cardenal de Buenos Aires.

Su Santidad tiene en esta película argentina, hecha en los mismo lugares donde transcurrió su vida de seminarista, sacerdote, provincial jesuita y obispo, un perfil humano marcado por valores como la amistad, la cercanía con los jóvenes y los ancianos, el respeto por todos y una normal atracción hacia la mujer, a la que renuncia por el Reino de los Cielos, siguiendo los consejos evangélicos. Al parecer, esto último era contrario a los deseos de una madre deseosa de verlo médico, pero acorde con una abuela que seguramente fue la mano de la Providencia para orientarlo hacia el sacerdocio.

Su perfil episcopal se caracteriza por la sencillez (tal vez no sea exagerado el detalle de la película cuando muestra que prefirió reutilizar las vestimentas del Cardenal Quarracino, algo que no contrasta para nada con su enseñanza sobre la reutilización de la cosas en la Encíclica Laudato Si No 211), la cercanía a la gente, el gusto de ser parte de un pueblo (Evangelii Gaudium No. 268), la proximidad a los sacerdotes, la primacía de la vida espiritual y la piedad popular, marcada por una especial devoción a la Virgen María y a San José.

Si se puede hablar así, su perfil jesuítico se muestra en esta película en su cuidado con la práctica del discernimiento, el carácter prudente y valiente, como cuando siendo Provincial pide al General Videla la liberación de varios miembros de la Compañía de Jesús que habían sido secuestrados; y por su espíritu batallador y de lucha, frecuentemente comparando la existencia con el fútbol, del que habla con propiedad, por ejemplo diciendo que la vida hay que afrontar como los arqueros a los diversos costados por donde se tiren los penaltis, normalmente lanzándonos al piso para atajarlos…

Mi impresión personal de este ser humano, de este jesuita, de este Arzobispo y Cardenal que es ahora el Papa Francisco, mostrado a través de esta interesante película que vale la pena ver y meditar, es la de un hombre decididamente popular, que es capaz de hablar a la gente con su propio lenguaje, usando sus mismos medios, sin titubear un momento, como alguien que tiene muy clara las cosas, que sabe esperar, que con atención lee e interpreta la realidad, que ante todo acude al Cielo para pedir la fuerza y obtiene la lucidez de un maestro, de un sabio, de un discípulo misionero, al que ahora se le ha confiado la misión más importante después de Cristo. En él, finalmente, hay como una perfecta continuidad de toda su vida. En otras palabras, así ha sido siempre “El padre Jorge”…

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