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Octubre 2017

El cambio de los que no cambian

El cambio de los que no cambian (o cambiamos) consiste, sin embargo, en un ejercicio intelectual de cierto valor. Se conoce en qué consistiría creer, incluso se gusta lo que significaría la experiencia de la vida a la intemperie, pero en absoluto se está dispuesto a dejar lo logrado con esfuerzo y trabajo. Por supuesto, tampoco a cambiar de vida, cargo o sitio.

Llegados a esta situación el cambio de los que no cambian viene a ser una parálisis que, poco a poco, puede invadir todo el organismo. La esencia comunitaria de la vida consagrada radica en la fuerza persuasiva de un «nosotros» con fe, porque sin fe no hay nosotros comunitario. Asomados al cambio en soledad peligra que se nos ocurran razones para no intentarlo porque es mucho, da vértigo y, sobre todo, supone dejar lo seguro para saltar a un vacío que se desconoce.  Al afrontar el cambio en comunidad, éste se llena de matices y posibilidades. Se sitúan correctamente las distancias. Se toma conciencia, se ve y se prevé. El nosotros comunitario es el prismático que permite acercarnos al cambio en cuanto posible, real y para nosotros.

Nos consta que hay congregaciones que llevan años posponiendo cambios absolutamente necesarios. Pudiera ocurrir que ya, en sus orígenes, esos cambios, estén viciados. Han nacido de una ocurrencia, de una personalidad fuerte, de quienes sostienen ciertos «roles aristocráticos» en las congregaciones. Han podido nacer, incluso, de quienes proponen para que otros vivan, sin que a ellos les afecte. De todo puede haber. Lo más real, sin duda, es que a esas buenas ideas que circulan y rebotan; aparecen y desaparecen, les falta la impronta del «nosotros comunitario», les falta fe y compromiso. Al «cómo sería» escuchado, compartido, ofrecido y corregido, carece de un pequeño apunte en nuestra autobiografía y es: «Estoy dispuesto». «Quiero vivirlo».

Asomarse al cambio, por desconocido, provoca miedo, sin embargo, si la comunidad se mira con fe y se transforma en una experiencia compartida, es la mejor terapia para ese miedo. Ergo, el cambio de los que no cambian, estaría anunciando heridas de fe que imposibilitan la comunidad

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Vida Religiosa

Publicación periódica, animada por los Misioneros Claretianos, dirigida a los consagrados y consagradas del mundo entero.

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