ReliPress | RELIGIOUS LIFE PRESS
Ottobre 2017

La necesaria conversión ecológica para una vida consagrada más humanizada y humanizadora

Revista Testimonio No 282 / Año 2017 - Editorial

La encíclica del Papa Francisco, Laudato Si’, es un canto al evangelio; más aún, es evangelio profundo. Debería interesar a toda persona responsable del presente y del futuro de nuestro mundo. En ella hay una propuesta de un modelo nuevo de conocimiento, de proceder y de ser; de un acertado modo de vida. Por eso, ha sido central en la programación de este número de Testimonio y como se puede ver fácilmente ha acompañado a los autores de los artículos y experiencias que tienen como argumento central las relaciones humanizadoras y humanizantes del religioso con el cosmos.

En todas las colaboraciones, de una u otra forma se nos pide una nueva relación con la Madre Tierra, se nos propone una conversión ecológica global, una transformación de nosotros mismos, una nueva manera de convivir con ella y de cuidarla. Entrar por ese camino nos va a llevar a una vida consagrada muy consagrada y desde luego, más humana y más humanizante.

De hecho, las propuestas que nacen del cuidado de la casa común tienen una gran repercusión en las otras relaciones del ser humano: la relación con uno mismo, con los demás y con Dios. Propuestas que piden cambios profundos y urgentes; tienen que ser realidad antes de que se llegue a dar alguna catástrofe signi fi cativa. Piden optar por la vida, por el ser humano, por lo sagrado que arde en nosotros y por “el Señor soberano amante de   la vida” (Sb 11, 26). “Nunca hemos maltratado y lastimado nuestra casa común como en los últimos siglos… estas situaciones provocan el gemido de la hermana Tierra, que se une al gemido de los abandonados del mundo, con un clamor que nos reclama otro rumbo” (LS 53).

Estas propuestas hay que acertar a llevarlas al día a día de la vida consagrada. No las puede dejar de lado una buena teología de la misma, una formación adecuada para el religioso, una espiritualidad sana y vigorosa y tienen que desembocar en unos concretos comportamientos comunitarios. Precisamos poner a la vida consagrada en sintonía con los ritmos y el dinamismo de la naturaleza. La estupenda re fl exión de José Izaguirre, que lleva muchos años implicado en este tema y en estas propuestas, nos puede ayudar mucho.

No hay duda que nos encontramos ante un tema cientí fi co y también ético. Se necesita urgentemente, nos indica L. Boff, una ética que tiene que ser “regeneradora de la tierra, que le devuelva la vitalidad vulnerada a fi n de que pueda continuar regalándonos todo lo que siempre nos ha regalado; será una ética del cuidado, de respeto a sus ritmos y de responsabilidad colectiva”. También se precisa un aporte teológico; el que nace de una razón cordial y de una sensibilidad razonable frente a la Madre Tierra. El Padre nos pide amor a la Casa Común.

Dando un paso más, en este número lo más original es que no puede faltar una espiritualidad en esta conversión ecológica. Más aún, tenemos que acertar a a fi rmar debidamente que la Casa Común es fuente de espiritualidad. Este debería ser el aporte más original de la vida consagrada. A ella le toca decir y testimoniar que al contemplar nuestro comportamiento frente a la Madre Tierra a veces tenemos que llegar al perdón y arrepentirnos por el poco cuidado y del maltrato que le hemos dado; está enferma y tantas veces por culpa nuestra. La Casa Común nos lleva a la súplica para que en ella encontremos vida abundante y para que sea liberada de todo mal y de toda perturbación.

De la escucha de la palabra de Dios, como nos señala el artículo de Eduardo Pérez-Cotapos, nos llega inspiración para bien proceder con la hermana Tierra y nos da un sentido a la vida; esta vida del Espíritu se alimenta en la Casa Común y así llegamos a amarla con todo el alma. En la vida consagrada se aprende a agradecer los dones recibidos de la madre Tierra; son abundantes y despiertan en nosotros mucha gratitud. Ella nos provoca la alabanza; son numerosos los salmos nacidos para cantar al creador de las maravillas de la Casa Común. Esta nos deslumbra. La vida consagrada se tiene que proponer dar testimonio de esta vida del Espíritu que brota del tener puestos los pies en la tierra.

Este número de Testimonio apunta a hacer un cruce entre la sensibilidad ecológica y la vida consagrada. Ambos mundos no siempre van unidos y cuando eso ocurre la que más pierde es la vida consagrada. Para que esta tenga una intensa calidad humana y humanizadora necesita mostrar un camino original de conversión ecológica y ayudar a recorrerlo.

Este recorrido para la vida consagrada se transforma en dos palabras y realidades muy importantes en su doble mejor tradición: la ascesis y la mística. Estamos urgidos de una nueva y bien entendida ascesis en relación la Madre Tierra; una ascesis que no la vamos a identi fi car con el frenar, el reprimir, el suprimir, con solo la morti fi cación y el sacri fi cio; es el buen ejercicio para discernir y reorientar, para bien proceder y fortalecerse… y ello con buenas prácticas que van desde el adecuado uso del agua, los alimentos, la energía hasta terminar con la cultura del derroche y llegar a la capacidad para decir “no” o es “su fi ciente”… No hay duda que hay un ascetismo ecológico que lo menos que podemos decir es que ayuda a evitar el abuso y el descarte. Realmente estamos necesitados de toda una cultura y mentalidad, de un modo de proceder. Esta ascesis para el Papa Francisco “signi fi ca aprender a dar y no simplemente a renunciar. Es un modo de amar, de pasar poco a poco de lo que yo quiero y lo que necesita el mundo de Dios. La liberación del miedo, de la avidez, de la dependencia” (LS 9).

La Madre Tierra debe despertar también nuestra dimensión mística; ponernos en profunda comunión e interacción con Dios. Él nos ha con fi ado su cuidado. A su vez, la contemplación de la Madre Tierra nos lleva a la gratitud y a un redescubrimiento especial de la belleza y de la grandeza; a dar un salto al Misterio, como nos recuerda R. Guridi en su artículo. De mística sabe San Juan de la Cruz y qué bien nos introduce en la buena ecología.

José María Arnaiz, SM
Director

Notizie correlate
Lascia un commento

* obbligatorio

Testimonio

Revista bimestral publicada por la Conferencia de Religiosos y Religiosas de Chile (CONFERRE).

continua
newsletter

iscriviti alla nostra newsletter

Seguici su..